17/02/2011 por Sergio Stadius en Editorial
Nuevamente se ha planteado la necesidad de bajar o no la edad de imputabilidad de los menores. La actual crisis de seguridad (¿o tal vez la psicosis?) plantea que para reducir el nivel de crÃmenes en nuestra sociedad los adolescentes deben considerarse responsables de sus actos frente al delito. Es evidente que el problema existe mas allá de su agravamiento mediático, y que determinados crÃmenes no se van a solucionar mientras quienes los cometan salgan por una puerta tras unas horas de ser detenedidos. Ahora el punto es, ¿debe ser el trato el mismo para un menor que para un delincuente adulto?… Mas allá de la aprensión está la necesidad de corregir y recuperar a quien nes todavÃa un adolescente, para una vida social integrada y útil. Lo que no se debate todavÃa en su justa medida es la necesidad de buscar y detener al responsable adulto en cada etapa: porque está quien recluta al niño y lo entrena sabiendo que se lo considerara imputable y están los padres, que por comodidad o por algunas monedas lo entregan de lleno a esta vida en lugar de responsabilizarse de su crecimiento.
Analicemos. El bajar la edad de imputabilidad permitirÃa que los responsables directos de delitos violentos no salgan apenas detenidos pero, por otro lado, evitarÃa quie los adultos formadores de bandas sigan buscando a muchos chicos que, por poder ser detenidos, ya no les serÃan de utilidad.
Pero la prevención del delito juvenil no termina en lo punible. Hay que mejorar los sistemas de contención social relacionados con la educación del grupo familiar. En caso de que este núcleo primario se encontrase ya muy deterioradoi se harÃa menester que la sociedad se hiciera cargo, desarrollar un red de ONG que brindase alimentación y asistencia integral a los menores, con un sistema de subsidios por chicos  para quienes los lleven adelante  y el control de asistentes sociales que verifiquen se cumpla con la atención correcta de los asistidos, y no se transforme al asistencialismo en un negocio.
La formación deberÃa complementarse con talleres de oficio parfa padres e hijos, que les brinden la oportunidad de inserción laboral que a su vez los ampare de la tentación del delito… Y aprovechando la Ley de Medios, deberÃa crearse en cada villa, una radio orientada a hablarse en su mismo idoma, y que meche junto a una cumbia, principios de derecho civil, laboral, elementos de como mejorar sus situación sanitaria, o de como organizarse con sus vecinos para la creación de algún microemeprendimiento, una plaza o de un centro de saluds. Hoy dÃa podemos decir que las herramientas están, que el dinero necesario puede conseguirse. El problema radica en la voluntad de los ciudadanos decididos a mejorar la sociedad en que viven, y en la decisión polÃtica de los funcionarios, sobre todos en los municipios, para llevar adelante un plan que salde en parte toda una historia de injusticia social, lo que no remedia sin arremangarse y empezando a trabajar…